La necesidad de aprender español: una aproximación histórica a la enseñanza de la lengua española en Inglaterra

por Dra. Matilde Gallardo , Visiting Research Fellow,  Spanish, Portuguese and Latin American Studies King´s College London.

Otras publicaciones de la autora sobre el tema, aquí.

El aprendizaje de lenguas vivas ha estado vinculado desde tiempo inmemorial a la necesidad de los seres humanos de comunicarse unos con otros por motivos personales, profesionales o de cualquier otro tipo. El interés por aprender la lengua española en Inglaterra ya aparece documentado a partir de los siglos XVI y XVII y se debió principalmente a la presencia de intelectuales, disidentes políticos y religiosos, que encontraron refugio y apoyo entre los círculos académicos de este país, fundamentalmente en Oxford, donde se dedicaron a la enseñanza de su lengua materna así como de las lenguas clásicas[1]1. Con el inicio de la expansión colonial de Inglaterra y el desarrollo del comercio internacional en el siglo XVIII, el estudio del español con fines prácticos se convirtió en una necesidad que autores como el español Félix Antonio de Alvarado y el inglés Capitán John Stevens supieron aprovechar con la publicación de manuales y diálogos conversacionales para el uso de viajeros y diplomáticos. Sus métodos llegaron a ser muy conocidos y sirvieron como modelos para futuras publicaciones de este tipo[2].

La demanda de materiales para el aprendizaje de lenguas modernas, y más concretamente del español, se vio incrementada en el siglo XIX por el desarrollo de las relaciones comerciales y diplomáticas de Inglaterra con el resto del mundo que hicieron de Londres el epicentro económico y cultural de Europa. Por otra parte, el efecto combinado de la industrialización y la urbanización sobre el aumento de población y el desarrollo de una nueva clase social, la clase media, relacionada con las actividades comerciales y las finanzas alentó el interés de la industria editorial por las lenguas modernas. A lo largo de todo el siglo veremos desarrollarse un exitoso mercado de manuales y libros de texto, entre los que figuran gramáticas, diccionarios y manuales de correspondencia bilingüe, vocabularios y libros de ejercicios y lecturas, que fue convenientemente explotado por autores como Ahn, Ollendorff, Hossfeld, Hugo and Berlitz, cuyos métodos adquirieron gran popularidad más allá del mercado europeo de la época, extendiéndose en algunos casos hasta bien entrado el siglo XX[3].

Paralelamente a este boom de la industria editorial, las nuevas corrientes de pensamiento en la primera mitad del XIX, el historicismo y el romanticismo, habían generado una nueva conciencia lingüística y el interés por el conocimiento de las lenguas vivas por ser la esencia de la identidad nacional. Esto motivó el nacimiento de la lingüística como disciplina académica y que el estudio de las lenguas vivas se convirtiera en materia educativa[4]. La creación de organizaciones como la International Phonetics Association impulsó el estudio de las lenguas modernas en las escuelas, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo, debido a la implementación de un sistema de exámenes públicos en las escuelas dependientes de las universidades.

En cuanto al estudio del español, hay que destacar tres aspectos importantes en la época decimonónica. En primer lugar, el interés que el Movimiento Romántico despertó por España y su literatura en la sociedad británica que puso de moda a los clásicos españoles, principalmente Cervantes, Calderón y el Siglo de Oro. En segundo lugar, las guerras anti-napoleónicas y el apoyo del gobierno británico a cientos de liberales españoles exiliados en Londres en los años 1814 y 1823. El papel de estos exiliados en la difusión del estudio del español fue considerable. Muchos de ellos, insertados en la sociedad londinense, se ocuparon como profesores, traductores y editores, llegando a desempeñar las primeras cátedras de español en universidades y otros centros de estudio[5]. A ellos también se debe una ingente obra en español publicada en el exilio que incluye publicaciones periódicas, literarias y manuales para el estudio de la lengua española[6].

El tercer factor fue de índole económica. El desarrollo del comercio inglés con las prósperas colonias latinoamericanas, recientemente independizadas de España, y las grandes inversiones llevadas a cabo en América Latina por compañías británicas en sectores como la minería, generó la necesidad entre estos emprendedores, ingenieros, empresarios, arquitectos y aquellos dedicados a actividades comerciales de aprender a desenvolverse en la lengua de un modo práctico. Esto mismo justificaban Dann and González, autores de uno de los manuales de correspondencia comercial que más éxito tuvo en la época:

En la actualidad, el español ha ocupado su lugar legítimo entre las lenguas de comercio y ha llegado a ser un instrumento de comunicación internacional, segundo en importancia al inglés.

Así pues, se considera indispensable para aquellos que mantengan negocios con España, las Antillas y las crecientes Repúblicas de Centro y Sudamérica. (Dann, T. & González, G. (1871),The Spanish Commercial Correspondent. London: Asher and Co., pp.vi. Traducción nuestra).

 Y así queda corroborado también por Antonio Alcalá Galiano, primer catedrático de lengua y literatura española en la Universidad de Londres:

  “Ya saben ustedes que hay pocos estudios que devuelvan con tantas creces los esfuerzos invertidos como el estudio de las lenguas modernas. Para el profesor, abre una nueva visión en el país del intelecto humano; para el viajero, es una fuente constante de placer y satisfacción. […] y esto me lleva a subrayar la peculiar ventaja añadida que supone en estos momentos el estudio de la lengua española. En las vastas regiones de Sudamérica, un amplio campo se ha abierto a las empresas británicas; el capital británico ha fluido allí en torrentes; individuos británicos han abierto grandes establecimientos […]. Es cuestión de tiempo hasta que se produzca una gran demanda de académicos españoles” (Alcalá Galiano, A. (1828), An Introductory Lecture delivered in the University of London. pg. 15).

En las primeras décadas del siglo XIX, las lenguas modernas, a excepción del francés que gozaba de una posición privilegiada por razones históricas, estaban consideradas principalmente como aprendizaje optativo que se llevaba a cabo de forma no reglada, a través de clases particulares o en instituciones privadas. A finales de los años 1820 la lengua española empezó a figurar como asignatura en los programas de estudio de las universidades de nueva creación, la Universidad de Londres (University College en la actualidad) y King´s College de Londres, cuyos principios utilitaristas abogaban por el estudio de materias más acordes con las necesidades sociales. En la segunda mitad del siglo, el español y otras lenguas modernas, junto con asignaturas como la geografía y el derecho mercantil entre otras formaban parte del programa de estudios de comercio, servicio diplomático y el departamento de clases nocturnas cuyos horarios y programas flexibles las hacían populares entre algunos sectores de la sociedad que tradicionalmente no habían tenido acceso a la educación universitaria. Un ejemplo de esto, lo representaban las clases nocturnas en King´s College de Londres en 1873[7].

A finales de siglo, el estudio práctico de la lengua española y de otras lenguas europeas estaba firmemente establecido en la enseñanza superior inglesa. A las instituciones pioneras de Londres, se sumaron otras, como las universidades de Liverpool y de Birmingham, que incluyeron la enseñanza de la lengua española en sus programas de estudio y exámenes de fin de grado. En el siglo XX y coincidiendo con los eventos bélicos de la primera década, se crean oficialmente departamentos de lenguas modernas en universidades y escuelas. La oferta de manuales y clases destinadas a la adquisición y enseñanza de la lengua con fines prácticos, para su utilización, siguió siendo objeto de interés editorial y educativo. Sin embargo, el estudio de la literatura y la filología empezó a ganar terreno en las esferas académicas como resultado de que las escuelas hubieran incorporado clases de español, francés o alemán en su currículum, lo que suponía un mejor nivel del alumnado al entrar en la universidad. Podemos decir, que durante el siglo XX se produce una división en el enfoque de la enseñanza de las lenguas modernas con centros o departamentos que imparten una enseñanza aplicada y comunicativa y aquellos donde prevalece el estudio de la literatura, la historia y la filología.

Notas:

[1] Heterodoxos como Antonio del Corro en el s. XVII, autor de las Reglas Gramaticales para aprender a lengua española y francesa, encontraron en estas actividades una posibilidad de dar buen uso a sus conocimientos y de paliar sus necesidades económicas en el país de acogida. Para más información, véase Watson F. (1911), Religious refugees and English Education. London: Proceedings of the Hugenot Society of London.

[2] Sobre las diferentes ediciones de Alvarado Diálogos Ingleses y españoles y las obras de John Stevens, véase Sánchez Pérez, A. (1992), Historia de la enseñanza del español como lengua extranjera, Madrid: SGEL, capítulo III.

[3] Las ediciones de algunos de estos métodos, Berlitz, Hugo, llegan hasta bien entrado el siglo XX. Véase, Howatt, A.P.R., (1984), A History of English Language Teaching. Oxford: OUP.

[4] Véase Howatt (1984).

[5] Es el caso de Antonio Alcalá Galiano. Para más información, véanse mi artículo: Gallardo, M. (1995) “Antonio Alcalá Galiano y la enseñanza del español en la Universidad de Londres”, Donaire, 5 (1995), Consejería de Educación, Embajada de España. P.27-32.

[6] Sobre la producción literaria y lingüística de los Emigrados Constitucionales, véase Llorens, V. (1979) Liberales  y Románticos, una emigración española en Inglaterra (1823-1834). Valencia: Castalia. Gallardo, M. (2003) Introducción y desarrollo del español en el sistema universitario inglés durante el siglo XIX,  Estudios de Lingüística del español (ELIES), Volumen 20 (2003) http://elies.rediris.es/elies20/

[7] Véase Gallardo (2003).

 

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